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La Revolución de la ternura


Recientemente en el mes de abril su Santidad el Papa Francisco, en exclusiva para TED-2017, envió un poderoso y hermoso mensaje, que lleva como título “The Future You”, “El Futuro Usted”, en este bello mensaje, el Papa Francisco, toca tres puntos que voy a tomar, y los cuales he asumido de la siguiente forma según lo miro yo: Nadie es una isla; El centro hoy ya no es el hombre; y La Revolución de la Ternura.


Nadie es una isla.


Para el Papa Francisco, la mirada de que el usted no existe sin el otro, y el que nadie es una isla, nos invita poderosamente a reconocernos más integralmente, a ver y verse más como parte de un sistema. Para él la vida es un fluir y el futuro está hecho de nosotros, siendo los encuentros en si la vida, pues esta no es tiempo que pasa sino tiempo de encuentro...

El entender el encuentro como la vida; sugiere que cada instante es un espacio

para eso, para encontrarse; en instancia inicial con uno mismo, ya que cada uno es el futuro, pero no se detiene ahí pues el encuentro que sigue es el mío con lo otro, con el otro y con los otros. Esa interacción consciente que debemos tener con el medioambiente, y lo que en este acontece; vivir y hacer futuro en los intercambios con los otros, para que esta vida sea un fluir de relaciones que crean futuro.


El deja ver que cada vez está más convencido de que cada uno existe en ligamen con el otro, y que quienes para él aún saben más de esto, apuntando a las ciencias, indican que la realidad es una relación continua y una interacción de todo con todo, siendo esta para el Papa la única forma para experimentar la felicidad, sea por medio de la armonía con el todo.


No podemos vernos solos, no podemos desprendernos de lo que nos rodea, de lo que existe aún si no lo conocemos; somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos; uno debe ser capaz de reconocer que esa grandeza está en mí, pero también está en lo otro, en el otro y en los otros, y que es necesaria tenerla presente para mirar distinto. Este reconocimiento nos ha de llevar a la comprensión de que no puedo llevar en mí pedacitos de guerra, que he de cuidar todo intento de incendio que nace de ver a los otros distintos, diferentes, pues solo causa daño y desata el fuego en el corazón.


El centro hoy ya no es el hombre.


Pese al gran desarrollo tecnológico no nos es ajeno que la sociedad no está logrando avanzar en paralelo, por ello es necesario y sería maravilloso que las decisiones políticas, económicas, científicas y de las relaciones entre todos, sean estos individuos, pueblos o países, fuese más equitativa, más inclusiva. Que las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que nos circundan las tomáramos más en cuenta.


No puede ser que los productos del hombre estén por encima del hombre, no se trata solo de crecimiento y relaciones comerciales, hay que regresar al hombre al centro, que todo lo que deba ser hecho se haga partiendo desde ahí, sin negar el desarrollo, sin bloquear el avance tecnológico, pero recordando que lo que hacemos se hace para servir y que a ese que deseo servir es humano, le mueven las emociones, y es parte de un todo...


El Papa hace referencia a que es la solidaridad un medio para lograr la equidad, el transcurrir en amor, pero que esta no es automática, pues es una respuesta libre que nace de nuestros corazones. Por ello acá debemos comprender que es una tarea mía, que somos nosotros los que podemos por medio del examen interior, quienes debemos lograr la afinación para acercarnos cada vez más a la capacidad de, en libertad decidir por los actos de solidaridad. Una solidaridad que para mí nuevamente se ha de poner a prueba con uno mismo. No se puede ser en pleno solidario con otros si no hay solidaridad interna, si no amo lo que soy y no me construyo de adentro hacia afuera, no podré servirme, y así mejor poder servir.


Es fundamental para su Santidad que recordemos que el otro no es una estadística o un número, el otro tiene un rostro, el usted apunta el Papa siempre tiene un rostro concreto, un hermano al que cuidar… No se puede quedar uno en los buenos propósitos o las fórmulas ya consagradas dice él, pues estas solo sirven para tranquilizar.


Debemos hacer el esfuerzo para no permitir que el dinero y las cosas sean el centro, es decir debemos ser conscientes de cómo es nuestro actuar, esto no significa que las cosas o el dinero no sean parte de nuestra vida, sino que estas no pueden ser el centro; nuestros actos han de sostenerse por sí mismos pese al dinero o las cosas; no estamos viviendo para competir sino para solidarizarnos, para acompañar al otro y ser acompañado, para vivir de encuentros y así crear el futuro que deseamos...


Por suerte dice el Papa, que no hay sistema alguno existente que nos prohíba abrirnos al bien, a la compasión. Somos cada uno un aporte al todo en búsqueda de algo mejor, no se necesitan todas las luces, basta que la mía o la tuya esté encendida para mirar el camino, no es un asunto de individualidades, pero no se puede esperar marchar en conjunto, cada quien ha de salir al encuentro, con la esperanza de que hay más personas que buscan encontrarse para forjar un futuro distinto, y en el camino nos construimos como el futuro esperado de cada uno, ese deseo de poder reconocer sin esfuerzo lo otro, al otro y a los otros, todo en esperanza, sumando cada vez más y más.


La Revolución de la ternura.


Debemos armarnos de esperanza, no ver los obstáculos para amedrentarse sino

para poder corregir la dirección, no nos quedamos en el lamento de lo que no acontece, sino que nos movemos en la dirección que deseamos nos acerque al mañana. Dice el Papa, que basta una pequeña luz que se alimente de esperanza, y la oscuridad ya no estará completa. Nos señala diciendo que solo hace falta un hombre, y que ese hombre puede ser uno.


Es necesaria la unión para poder lograr la revolución, una revolución moderna, distinta, una revolución de la ternura, siendo la ternura según dice él, un amor que se acerca y se hace concreto, es un movimiento que parte del corazón.


La ternura es amor en acción, no es una intención sino algo concreto, una muestra evidente de compasión, de acercamiento. La invitación que su Santidad hace no es a una iglesia, es a la humanidad, por eso me interesó su mirada, no por su consecuencia religiosa, sino por el poder unificador y revolucionario.


Ha de romperse todo para comenzar a vivir de forma distinta, tenemos que ser el espacio en el cual se dé primero el acto revolucionario. El Poeta costarricense Jorge Debravo escribió en uno de sus poemas:


“Pertrechados con luz, con alegría, con sueños, cuerpo y almas, saldremos a tomar la paz a golpes aunque tengamos que despedazarla…”

Lo anterior Debravo lo hizo bajo un contexto social del que yo hoy me apropio para moverlo a un espacio interior; es en nosotros donde ha de ocurrir la batalla inicial, es desde adentro que se da la disrupción, es en nuestro corazón donde debemos buscar la esperanza que nos permita alcanzar la ternura suficiente para reconocer al otro como otro, pero a la vez como parte de mí, es un entender que yo sin lo otro, el otro y los otros no existo y viceversa, es poder armarse de amor con el fin de en ternura no manifestar propósitos sino llevar a cabo acciones que procuren el cambio. Los invito a sumarse a este bello y poderoso mensaje del Papa Francisco; vivamos en esperanza, seamos compasivos, atendamos con ternura lo otro, al otro y a los otros, aunque no haya amor si no es a costo propio, como dijo la Madre Teresa…

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